EUSKADIKO ELKARTE LABORAL TALDEA / AGRUPACION DE SOCIEDADES LABORALES DE EUSKADI

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No se trata de atribuirle a la Sociedad Anónima Laboral mérito alguno, pero desde su aparición a finales de los años setenta y más aún en los primeros años de la década de los 80, algo cambió en el mundo del cooperativismo.

Libro y una bola del mundoY cambió algo no tanto porque se produjeran reflexiones o debates sobre los contenidos de los grandes principios filosóficos, sino porque estaban apareciendo empresas, y con ellas colectivos que decían pertenecer a la Economía Social.

Evidentemente, el nacimiento y la existencia de un modelo de empresa con figura de Sociedad Anónima y en el que los trabajadores eran dueños de la mayoría del capital establecía un elemento de referencia nuevo que planteaba a la cooperativa diversas consideraciones.

Se empezó a acuñar la terminología de Economía Social en detrimento del monopolio cooperativista. Tendríamos que estar necesariamente de acuerdo con la opinión del Instituto de Estudios Cooperativos de la Universidad de Deusto a través de los Doctores Aranzadi, Divar o Martínez Charterina, al igual que las expresadas por el Doctor Rosembuj del Instituto de Economía Pública y Cooperativa de la Universidad de Barcelona cuando consideran poco menos que ofensivo hacer comparaciones entre el mundo cooperativo en general y la cooperativa en particular con un grupo de empresas llamadas Sociedades Anónimas Laborales a partir de abril de 1986.

La verdad es que nunca en las Sociedades Anónimas Laborales hemos pretendido tal comparación. Las Sociedades Anónimas Laborales somos de hoy, casi exclusivamente vinculadas en el origen al trabajo asociado y nacimos en más de un caso con una dudosa vocacionalidad. La historia del cooperativismo es otra cosa. Sólo con hacer mención a los pioneros de Rochdale a partir de 1844 establecemos un elemento referencias de más de cien años, base de los contenidos del cooperativismo moderno. Por eso cualquier comparación, también aquí, es odiosa.

Pero importa resaltar la curiosidad que supone el hecho deque los pioneros de Rochdale surgen como respuesta diferenciadora a su no aceptación de las formas y expresiones capitalistas que tenían que soportar en aquellos años en aquella ciudad inglesa del condado de Lancaster. La experiencia del fracaso diez años antes de la creación de una cooperativa inspirada en las ideas de Owen fue seguramente buena consejera.

La Sociedad Anónima Laboral, ciento treinta y cinco años después nace como respuesta a la incapacidad de algunos empresarios de mantener y desarrollar su negocio.

Nuestro nacimiento fue ajeno a cualquier planteamiento similar al fenómeno cooperativo, pero también es cierto que de no existir el cooperativismo difícilmente hubiéramos avanzado en la forma en que lo hemos hecho.

Ante los miembros de la CICOPA, en los debates de la Asamblea del Comité Central de la ACI (Alianza Cooperativa Internacional) declarábamos nuestra voluntad de promover la Sociedad Anónima Laboral como una figura cuyos principios fueran los que el mundo cooperativo proclama como propios, adaptados a nuestras peculiares características, una vez debatidos y aprobados por el colectivo de trabajadores de las Sociedades Anónimas Laborales.

Nuestra voluntad de acercamiento al mundo cooperativo es clara y nuestra reivindicación de pertenencia al mundo de la Economía Social muy justa.

Porque si se ha llegado a la realidad cooperativa de hoy es seguramente porque existió Rochdale a mediados del siglo pasado, porque desde 1895 funciona organizadamente la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) que a estas fechas tiene más de 600 millones de socios. Pero también es verdad que para que existiera Rochdale y la ACI tuvieron que existir quienes promovieron, potenciaron o inventaron estructuras de cooperación. Y por hacer historia ya desde 1.000 A.C. en lo que el profesor Cerdá Richart denomina "primeros vestigios cooperativos" en el antiguo reino de Israel, o las importantes aportaciones en esta materia delos pensadores griegos Licurgo y Platón, o las aportaciones filosóficas de Tomás Moro, canciller de Enrique VIII de Inglaterra a finales del siglo XV, así como las de Tomas Campanella, Robert Owen (padre del cooperativismo, según los tratadistas), Carlos Fourier, William King, Philippe Buchez, Victor Aimé, Herman Schulze y tantos y tantos otros, por citar los más conocidos y significativos. Mención particular merece el pensamiento y la aportación de un gran hombre, adelantado a su tiempo, Don José María Arizmendiarrieta.

En todos estos pensadores y líderes de su tiempo se establecía un elemento de reflexión común:
"El control de los medios de producción por los propios trabajadores. La supeditación del capital al trabajo."

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